martes, 20 de febrero de 2018

Lavémonos el pelo




Lavémonos el pelo
y desnudemos el cuerpo.

Yo tengo y tú también
            hermana
            dos pechos
y dos piernas y una vulva.

No somos criaturas
que subsisten con suspiros.

            Ya no sonriamos
            ya no más falsas vírgenes

Ni mártires que esperan en la cama
            el salivazo ocasional del macho. 

Ana María Rodas

domingo, 18 de febrero de 2018

De acuerdo




De acuerdo,
soy arrebatada, celosa,
voluble
y llena de lujuria.

¿Qué esperaban?

Que tuviera ojos,
glándulas,
cerebro, treinta y tres años
y que actuara
como el ciprés de un cementerio?

Ana María Rodas


viernes, 16 de febrero de 2018

Manifiesto

Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas oscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es otra cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
«Libertad absoluta de expresión».

Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!

La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.
Los poetas bajaron del Olimpo. 
Nicanor Parra

miércoles, 14 de febrero de 2018

Las horas y los años

Las horas, infinitas
y los años, veloces.
Los recuerdos empiezan
a doler como golpes,
y los proyectos nacen
con óxido en los goznes.
Fatiga y afán quedan
y arena de relojes.
¡No quiero ver el tiempo
mientras avanzan, dóciles,
las horas infinitas
y los años, veloces!
En las fotografías,
como en viejos tumores,
el dolor y el cansancio
se asoman a los bordes.
Por ellas suenan pasos
y en ellas se oyen voces
y tras ellas hay puertas,
alcobas, corredores,
y un río de manos que andan
ciegas, tentando, insomnes.
En las fotografías,
como en viejos tumores.
Repleta está mi vida.
Mi corazón, sin norte.
Me he mirado al espero
a alta hora de la noche;
y me he visto fundido
con rostros y con nombres
que habitan por mis canas
como por panteones,
que me miran con ojos
amorosos y enormes.
Repleta está mi vida.
Mi corazón, sin norte.



Félix Grande


lunes, 12 de febrero de 2018

El vagabundo

Me dijo que el hambre alimenta su vida.
Me dijo que el frío acaricia sus hombros.
Que la noche siempre ilumina su sueño.
Me dijo que fue grande, después pequeño,
que no hay suelo en la Tierra
que él no hubiera pisado.
Me dijo que hubo un tiempo
en el que había amado
y que la soledad ahora,
esa soledad real, dura,
no era más que un animal agazapado
esperando su final con ojos tristes.

Elena Rodríguez

sábado, 10 de febrero de 2018

Ondenwald

Parece que todo estuviera callado
pero el Odenwald habla en susurros.
No es un bosque cualquiera,
es un espejo antiguo
donde el viento te acaricia
y trae luciérnagas la tarde.
Es la huella en el barro, castaños eternos,
el aroma del musgo, la hiedra mojada.
Si paras un momento al borde del camino
y escuchas crepitar las hojas,
oyes el comienzo del mundo,
la vida que emerge, su canto.
Recuerda su nombre, no olvides nunca
el lugar donde el silencio
se convierte en la respuesta.

Elena Rodríguez

jueves, 8 de febrero de 2018

Un niño

Se acercó sonriendo.
Levantó su puño cerrado.
Ofrecí la palma de mi mano abierta.
Depositó una piedra.
Nos miramos.
Se alejó torpe, despacio,
orgulloso del mensaje
y feliz de su misterio.

Elena Rodríguez